Aloe Vera


Al Final le regalé en aloe vera a mi mujer. Que se yo de plantas. El tipo que me la vendió tenía cara de tulipán, como cortado en zig-zag. Estuve mirando las plantas, no es que fue lo primero que vi. Yo miraba el tamaño de las hojas, si tenían o no flores y eso. Y el tipotulipán me miraba sonriente. Sonrisa en zig-zag, me seguía por todo el negocio. Y me cansó, le compré la planta pinchuda. Me dijo que necesita poco riego. A mi me gusta el desierto. Ahí si que no debe joderte nadie. Llegué a mi casa con la planta envuelta con un moño. Budines de soja y ciruela crujían en el horno. A Marga le encantó el regalo. A mi hija no. Se burló toda la tarde. Con ese noviecito nuevo que tiene. ¡Y ya lo trae!! Yo no sé esa chica. El pibe tiene una cara de bueno-para-nada. Todo inútil que anda dando vuelta, la nena se lo engancha y lo trae a casa. ¡Se reía encima el mocoso! Lo quiero ver a él caminando dos cuadras con una bola verde llena de pinches en los brazos.

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